El Bruxismo y el Stress

El bruxismo ha crecido progresivamente en los últimos tiempos. El ritmo de vida y el stress han contribuido a acentuar esta conducta, constituyéndose en un motivo cada vez más común de consulta al odontólogo.


Entre un 20 y 25% de la población padece esta enfermedad, tanto adultos como niños.

El bruxismo es una actividad anormal de la masticación que se produce de forma inconsciente y suele darse de noche, aunque también puede ocurrir durante el periodo de vigilia. Es producido por un constante apretar y rechinar de los dientes debido a una contracción rítmica, repetitiva y violenta de los músculos de la masticación.
Suele presentarse en los niños de entre 4 y 6 años y tiende a disminuir con la edad, después que erupcionan los molares permanentes y los dientes incisivos. Igualmente, puede producirse de manera leve en la mayoría de las personas, generalmente al iniciar el sueño. Estas situaciones, en la mayoría de los casos, no necesitan tratamiento.


Cuando se producen casos severos, ayudados por el stress y otros factores, y el rechinar se mantiene constante en la adultez, las consecuencias se agravan debido a las molestias que acarrea y sus posibles consecuencias, relacionadas con el deterioro del Sistema Estomatognático.

Los síntomas y signos más comunes del bruxismo son:

  • Rechinamiento dental severo que por lo general ocurre durante el sueño.
  • Fuertes dolores de cabeza.
  • Dolor en los músculos de la cara y cuello, principalmente al despertar.
  • Alineación dental anormal.
  • Desgaste en el esmalte, que da apariencia plana en las cúspides de los dientes y expone la dentina, provocando sensibilidad dentaria.
  • Marcas de dientes en la lengua, así como daños en la parte interior de las mejillas.
  • Dislocación de la mandíbula; ruidos y chasquidos en la articulación de la mandíbula con el cráneo.
  • Dolor de oído.
  • El menisco articular que permite abrir y cerrar la boca con normalidad acaba sufriendo daños muchas veces irreparables por esta causa, que también origina problemas neuromusculares muy dolorosos.
  • Ansiedad, estrés y tensión general.

La intensidad y duración puede ser muy variable y pueden ocurrir varios eventos durante el sueño nocturno.

¿Qué lo provoca?

Existen diferentes factores que inciden en la aparición del bruxismo, por lo que conviven diversas teorías que relacionan aspectos físicos y psicológicos. En cuanto a los primeros, defectos en la mordida o algún diente fracturado o faltante pueden contribuir a la aparición del bruxismo. Respecto de los segundos, todas concluyen en que el stress de la vida moderna y la ansiedad lo acentúan y, en muchos casos, pueden ser los factores desencadenantes.
Como mecanismo psicológico, el individuo tiende a somatizar la tensión psíquica en el organismo, generando diferentes dolencias según sea el órgano donde se manifieste la patología. En el estómago,  las úlceras y gastritis; en el aparato respiratorio, los accesos asmáticos; en la piel, la dermatitis seborreica o la psoriasis; etc. En este marco, la bruxomanía es la representación del estrés en odontología.

¿Cómo se trata?

Esta enfermedad exige de un tratamiento que abarque todas las variables que causan la patología. Cuando se descartan los posibles factores anatómicos alterados, el abordaje debe encaminarse a tratar los aspectos psicológicos que pueden estar incidiendo.
Las técnicas de relajación muscular pueden resultar de gran utilidad. Pueden usarse también protectores dentales que si bien no curan el bruxismo, ayudan a prevenir el daño en los dientes. En algunos casos, debe considerarse la posibilidad de psicoterapia.
Cuando el bruxismo se produce en niños pequeños, se recomienda evitar el ejercicio extenuante, los juegos muy bruscos y los programas de televisión violentos. Asimismo, un baño por la noche para ayudar a relajarlos y cambiarlos de posición mientras duermen si se detecta que están rechinando los dientes, son medidas que ayudan a controlar el problema.


El odontólogo puede controlar este fenómeno mediante la fabricación, colocación y control periódico de una placa neuromiorrelajante y la realización de un ajuste oclusal a nivel dentario. Además, puede prescribir algún tipo de relajante para actuar sobre los músculos y ayudar a aliviar el dolor.